La crisis de Cuba

La crisis de Cuba fue el conflicto más grave de la década que pudo haber desembocado en el peligro de guerra nuclear generalizada. La crisis surgió cuando en 1962 la aviación norteamericana detectó misiles de medio alcance en el centro y el norte de la isla. El presidente Kennedy denunció a la URSS  y decretó el bloqueo de Cuba. Como respuesta, los buques soviéticos se aproximaron a la línea de bloqueo. Sin embargo, las negociaciones entre Kennedy y Kruschev resolvieron el conflicto diplomático. La URSS retiró los misiles y los EEUU levantaron el bloqueo a la isla dirigida por el comandante Fidel Castro.

La privamera de Praga

Las esperanzas que se abrigaban ante las nuevas relaciones ruso-norteamericanas a comienzos de los 60 pronto se vieron disipadas con la invasión de Praga por las fuerzas del Pacto de Varsovia. En 1968, Checoslovaquia aspiró a un proceso de apertura y democratización conocido como la Primavera de Praga. Intentó la vía de un socialismo más democrático (libertad de expresión, libertad a los presos políticos, levantamiento de la censura en la prensa…). Sin embargo, la oposición comunista a los cambios  y al contagio a otros países de su misma órbita ideológica provocó la rápida intervención de las tropas del Pacto de Varsovia, que ocuparon Praga el 21 de agosto de 1968, con lo que se puso fin a dicho experimento.

Un nuevo equilibrio internacional

Desde mediados de los setenta y durante casi diez años, asistimos a un nuevo equilibrio internacional. Superada la crisis de Cuba , los puntos de choque  se encontrarían en el Próximo Oriente y el Sureste Asiático. El conflicto árabe-israelí y las reservas petrolíferas  se saldaron con ventaja para los Estados Unidos, que sostenían a Israel (Guerra de los “Seis días”, 1968). En el Sureste asiático, la guerra de Indochina contribuyó a la participación  de EEUU en el conflicto: envió armas y tropas de apoyo para Vietnam del Sur, mientras soviéticos y chinos ayudaban la resistencia de los norvietnamitas. La utilización de armas químicas derivó en un desprestigio de la política estadounidense. Las superpotencias estaban llamadas a entenderse y, así, llegaron a acuerdos mutuos, renunciando al chantaje nuclear.

La crisis de 1973 y sus consecuencias

La “crisis de la energía” de 1973 supuso el comienzo de una crisis de gran calado que no sólo afectó a la economía, sino también a la sociedad, a los gobiernos y a las ideologías. Fue una doble crisis -la monetaria y la del petróleo- que suele representarse como el inicio de una era de decadencia. A la devaluación del dólar en 1971, siguió dos años después una nueva devaluación ocasionada por los gastos del programa nuclear y la fuga de divisas de los Estados Unidos. El hundimiento de la actividad económica conllevó el aumento del paro, con la correspondiente crisis social. Esta situación afectó a los países industrializados y desarrollados (capitalistas y socialistas), pero aún más a los del Tercer Mundo, que vieron crecer su deuda con el exterior.

Los bloques de los años ochenta

La llegada al poder de nuevos políticos aseguró una época de entendimiento entre los dos grandes bloques. En 1981 llegaba a la Casa Blanca Ronald Reagan, miembro de la derecha conservadora norteamericana. Valorada su actuación por la mayoría del electorado, volvió a ser reelegido en 1984, siendo relevado cuatro años más tarde por el republicano Georges Bush. En cuanto a la Unión Soviética, en 1985 Mijael Gorbachov tomó el relevo político en la URSS. Se abría una época de apertura y entendimiento entre ambos bloques.

La “Perestroika”

Renovación, reconstrucción o reestructuración (traducidas como “perestroika”) supusieron las claves del programa político de Gorachov en los años ochenta. Estas claves de reforma quedaron definidas en el XXVII Congreso del PCUS, celebrado entre febrero y marzo de 1986. Con la intención de superar el estancamiento económico de la URSS, se llevaron a cabo la adopción de medidas liberalizadoras, ofreciendo  cierta iniciativa a las empresas privadas. En política exterior, Gorbachov se propuso la eliminación de todos los arsenales nucleares y la disolución de los bloques militares, a la vez que defendió una política económica internacional basada en la colaboración y en la solidaridad.